sábado, 18 de julio de 2020

Feliz cumpleaños

Hoy, 18 de julio, he cogido unos de mis antiguos álbumes de fotos de las tardes de té para recordar, cierro mis ojos y sonrío.

Toda mi vida hemos tenido invitados en casa, es cuestión de cultura. Hace más de 38 años que comencé a prepararles y servirles el té con sus pastas, más de 22 ofreciéndolo por internet y es bien cierto que es más difícil servir que ser servido.

Cuando pienso en las horas que he destinado a las tardes de té, considero que es un tiempo muy bien empleado para lo más valioso que tenemos, la vida. Al igual que en el cuento del Principito, también me siento responsable de mi rosa, es lo que la hace importante. Desde mi óptica personal puedo decir que ha sido una gran experiencia, muy interesante para evolucionar como ser humano, conocer y valorar todo lo vivido a lo largo de este gran ciclo.

      

Cumplo 75 años, me siento bien, como siempre positiva dado que la queja no sirve de nada. Cuando medito sobre lo que me gustaría hacer en mi mente se proyecta lo que he hecho siempre, compartir y celebrar mi cumpleaños con la familia y los amigos. El año pasado fue en París, con mi hermana y unos amigos. Me encanta la capital de Francia, con tantos museos, parques, monumentos, Notre Dame… 



El anterior en Florida, en el Rancho de mis primos Gloria y Russell, en un almuerzo inolvidable con muchas personas que me obsequiaron regalos como si fuera una niña pequeña. Pero este año un nuevo actor ha hecho acto de aparición en la escena, el coronavirus. Una oportunidad para estar aquí, en casa, en las Islas Afortunadas, concretamente en Gran Canaria. Justamente es como me siento, afortunada y querida, un resumen de lo que ha sido toda mi vida.


He de ser realista y optimista, ya que con los años vemos desaparecer la juventud. No debemos ponernos tristes pensando en ello, al contrario. Hay que aprovechar la experiencia para que sea útil a los demás y a uno mismo, hacer lo que se nos quedó atrás como leer todas esas obras pendientes, visitar lugares cercanos pero también a otros más lejanos, recorrer los Parques Nacionales y del extranjero… la Luna si se tercia. Hasta que llegue el viaje que tenemos todos programados desde que nacemos, la última aventura.

Uno aprende a vivir como si no fuera a morir y esta es mi reflexión del té de hoy. Como nos recuerda el conocido filósofo francés Michel de Montaigne: “No me importa tanto lo que soy para los demás como lo que soy para mí mismo. Si vivimos como quieren los demás, eso indica esclavitud. No podemos ser prisioneros de nada ni de nadie. Por favor sean felices, no lo olviden, en algún momento nos reuniremos en una fiesta.




miércoles, 22 de abril de 2020

Felicidades, Tierra



Un año más nos unimos a la celebración del día de la Tierra, hoy 22 de Abril. Como bien sabemos, las situaciones contemporáneas son las consecuencias del pasado y de las actividades del presente. En este momento parece que estamos en un nuevo proceso de cambio, de prestar atención de forma global a nuestra conciencia, es nuestra responsabilidad ya que lo que hagamos ahora repercutirá en el futuro de las nuevas generaciones. Por este motivo tendríamos que concentrar todas nuestras energías con la Naturaleza y con nosotros mismos, pues si algo se puede sacar en claro de esta crisis es el lado solidario que ha emergido en muchas personas.

De nuevo el planeta nos pone a prueba como especie, no al resto del reino animal que campa a sus anchas y recupera con suma facilidad esos espacios, hasta hace nada, vetados para ellos. ¿Cuál ha sido nuestra reacción al conocer la noticia del coronavirus? ¿confinarnos en casa para evitar el contagio? El miedo, como respuesta emocional, es libre y nos hace reaccionar cuando vemos un peligro cercano. Los humanos, como grupo, en cierta medida, nacemos para preservar el ciclo de la vida en la Tierra, no para maltratarla, contaminarla y arrasarla con experimentos o guerras. 

La vida no es un juego, es un derecho y está por encima de los gobiernos, creencias, los intereses particulares, etc. Todos llegamos al mundo desde la oscuridad buscando la luz y, cuando por fin la encontramos, lloramos de alegría por el regalo de la existencia, por encontrarnos en un hermoso planeta verde y azul.

La Naturaleza no engaña, ni daña, lo que hace es darnos más y más oportunidades. Los latidos de la Tierra se muestran lentos pero su furia aumenta como se puede percibir y sentir. Al menos una parte de la sociedad se muestra plenamente convencida que la Tierra es nuestra y que pueden hacer lo que quieran por su ambición hacia ella. Sin embargo, el planeta no es de nadie, como bien reflejó el jefe indio Seattle de la tribu Suwamishen (1865) en su conocida carta al presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, en todo caso de sí misma como parte del Cosmos. Tendríamos que vivir en armonía con ella, valorarla, amarla y darle gracias una y mil veces por todo lo que nos regala cada día. ¿O acaso no tenemos solución?

Nuestra actitud puede marcar desde ya el éxito o el fracaso, evitemos que se puedan repetir épocas de atrasos culturales y sociales de todo tipo a donde nos han llevado periodos regidos por los fanatismos y la ignorancia. Como sabemos, somos más de siete mil millones de almas que, de forma asimétrica, consumen en muchos casos desaforadamente los recursos naturales del planeta, cuando solamente un árbol tarda varios años en crecer y dar frutos pero se tala en apenas diez minutos. ¿Acaso no se piensa en este tipo de hechos? La cultura, la cooperación, la ciencia y la investigación es lo que nos ha permitido llegar a nuestro estadio evolutivo inteligente. La extraordinaria capacidad que tiene la mente humana para concentrarse en algo, unido a su inventiva para proporcionar soluciones a los posibles problemas, es sorprendente. 

Estas líneas quieren trasmitir un momento y una ocasión para la reflexión, sea poca o mucha, pues la visualización, como la meditación, nos ayuda a navegar por los mares interiores y ampliar los límites de nuestra realidad; viajes de exploración y descubrimiento que nos podrían dar información y pistas útiles para el futuro. Nuestra mente es una fuente de energía inagotable y si la sabemos aprovechar, entre todos, sería un gran paso para conciliarnos con la Naturaleza. Para terminar únicamente me resta ofrecerles un gran abrazo de árbol.

No olviden sacarle brillo a la vida, hasta los metales lo necesitan.

Fin

lunes, 2 de diciembre de 2019

El cuento de las raíces vivas de Navidad


Érase una vez un grupo de jóvenes amigos aventureros, inquietos y respetuosos con el medioambiente que decidieron volver al bosque de su infancia.

Partieron a media tarde. El día era apacible. Los cuatros caminaban en silencio, mientras cada uno recordaba sus vivencias. Daniel Becerra, como arqueólogo y antropólogo, rompió el mutismo:

–Esta Navidad tiene que ser super ecológica. ¡Debemos tomar conciencia urgente para conseguir un Planeta limpio de contaminación de una vez por todas! Antes hay que sembrar con decisión: la recompensa estará en el esfuerzo común. Nada tiene más resistencia que la propia voluntad, nos jugamos mucho de cara al futuro de la humanidad, pero la vida no es un juego. Todos formamos parte del mundo y estamos interconectados a él.

A nivel de conocimiento sí que hemos evolucionado, bastante rápido en poco tiempo, pero a nivel humano no.  Es casi seguro que las personas sentiremos un gran vacío si seguimos en la misma línea. No estamos preparados para lo que se avecina, no vemos la realidad. El planeta nos ganará la partida siempre. Cuando se produce un terremoto o un tsunami ¿qué hacemos? Buscamos refugio. Nadie le podría hacer frente.

Resulta paradójico el poco valor que se le ha dado al trabajo de los investigadores en todos estos años en lo que atañe al cambio climático. Hoy día es una gran amenaza, que no es virtual. La Naturaleza, cada día, nos brinda razones para vivir y disfrutar de este bello mundo. Tristemente unos pocos eliminan a muchos y esas malas energías tarde o temprano cobran vida y se vuelve en contra...

Tras finalizar con su breve análisis, Daniel, dirigiéndose al joven médico Antonio Bechara le dijo: y tú, ¿qué piensas? 

¬–No quiero quedarme con los brazos cruzados comentó Antonio. Tenemos que relacionarnos más con nuestra esencia, como nos enseñaron nuestro padres y abuelos, no dejándola de lado. Necesitamos un giro radical en nuestro proceder, tenemos una responsabilidad con nosotros mismos, fomentar en la sociedad el cuidado de los bosques, cultivar la tierra, el mar limpio de plásticos, productos radioactivos y todo tipo de residuos que perjudican seriamente nuestra salud y la de los habitantes de sus aguas.  Lo que cada uno hace importa– les señaló a todos.

A Buda se le atribuye la frase que reza: si podemos descubrir qué es nuestro cuerpo y mente, habremos descubierto lo que es el mundo, porque todos los elementos del Universo están en nosotros. De ahí que podamos deducir que tenemos dos opciones, apostar por la Naturaleza o dejarla de lado con sus consecuencias que no son nada halagüeñas.

Antonio le dio un toque en el hombro a Sergio, hermano de Daniel, que parecía absorto:

¬–¿Y tú?, ¿qué opinas?

–Mientras os escuchaba visualizaba el mundo con mi avioneta. Cuando surcos los cielos como un pájaro, veo lo maravillosa que es la vida y todo lo que tenemos a nuestros pies, considero que el mundo está lleno de personas de bien, de ondas positivas que están en todas partes y más en nuestro interior… siempre que haya armonía y paz como la que experimento mientras vuelo. Percibir estas sensaciones no es complejo. Basta con practicar la meditación, que en el fondo es la cultura de la mente. Unos minutos de relajación vienen a representar para el espíritu una información tan valiosa como para un rey su corona. Como indica un antiguo proverbio árabe: los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego. Lo que se ama sin duda se valora e intenta por todos los medios proteger y el mejor ejemplo son los hijos. Si les inculcamos a los niños el respeto a la flora y la fauna a valorar todo el entorno, crecerán en sabiduría y conocimientos. ¿quién se encarga de rubricar hoy día los valores?

Mientras hacían un alto en el camino, Sergio miró a Betty Miller que, sentada en su fiel y tradicional cojín, ese que la acompañaba a todas partes -incluso al dentista-, le dijo:

–¿Tú que crees?– . 

Ella, sonriendo, comentó:
–Soy observadora y analizo todo lo que veo pienso y siento. Con lo hermosa que es la Naturaleza… ¡cuánto hacemos por destruirla! No nos la merecemos. Desde mi perspectiva todos somos huéspedes de este planeta que, según la Ciencia, se encontraría al borde de la sexta extinción, hecho altamente preocupante. No estamos ante un cuento.

El afamado José Saramago decía: “Cuanto mayor soy, más radical me hago”. Ser radical es ir a la raíz, ser coherente. Este escritor en su discurso en Estocolmo, al recibir el premio Nobel, dijo algo que emocionó al público presente. Recordó a su abuelo en Portugal quien, antes de morir, pidió a sus hijos que lo llevaran en su silla de ruedas al huerto para despedirse de los árboles, tocarlos, acariciarlos, verlos por última vez y así poder descansar en paz. Hoy día los avances tecnológicos nos llevan a olvidar el verdadero valor de las raíces. Sin embargo, las plantas aman la existencia y fijan sus propias raíces seguras en la tierra que les da su sustento y crecen sabedoras de dar vida y cobijo a otros seres. Cuando te comunicas o abrazas a un árbol dejas como un soplo de lo divino de tu alma y esa energía se siente, se vive, no se pierde jamás como tampoco la que tu recibes. 

Betty sonriéndoles de nuevo a los tres, continúo diciendo:

–Os invito a leer este libro que tengo en mis manos. Está escrito por un antropólogo, Bruno Latour, y se titula Donde aterrizar–. Y así, retomaron la marcha.

Un rato más tarde el grupo observó en el horizonte una línea marrón que le resultó extraña. Al llegar vieron que los árboles estaban despojados de sus hojas y ramas, solo eran troncos secos. En todo el bosque ya no había voces, ni risas, ni olores, ni sonidos, ni aire puro y, mucho menos, agua. Del espacio que un día fue parte de sus juegos infantiles, no quedaba nada. Sus caras confirmaban sus emociones.

Daniel comentó: ¡Vámonos!, no hay vida, ¡qué tristeza!. 

Cuando iniciaron la marcha, un extraño viento les incitaba a volver la vista atrás. Caminaban deprisa, se sentían perseguidos, pero ¿por quién? No había nadie. Poco a poco comenzaron a mirar de reojo. Inquietos volvieron la cabeza y vieron algo sorprendente, sin sentido aparente.

Una gran tropa de troncos de árboles iba hacia ellos, arrastrando sus raíces con gran fuerza.
–¡Están vivos, gritó Sergio! 

Un viejo roble, al tiempo que se alzaba orgulloso, les dijo: 

–¡No temáis! Somos los tesoros de la Naturaleza que tenéis que proteger, los dioses vivientes en este planeta os cedemos nuestra generosidad. Como veis un árbol aún sin hojas, ni ramas, sigue siendo árbol. Ya no damos sombra ni cobijo y menos frutos, los pájaros ni se posan en nuestros troncos y huyen de nuestro lado, solo nos queda nuestro espíritu y la poca energía que pervive en las raíces. 

Cuando erais pequeños esta zona lucía verde y frondosa, llovía en abundancia y cuando soplaba el viento nuestras copas se unían, balanceándose en una exaltación y nos sentíamos alegres por la afinidad ya que nos abrazábamos y nos juntábamos para comunicarnos. Pero los humanos… nos prendéis fuego y esto que podéis ver es el resultado de vuestra actitud nefasta en la misma medida que la aceleración sobre el cambio climático que experimentamos. Os gusta ir cómodos en el coche o el avión, pero no pensáis que lleváis parte del bosque en la parte más cercana a la tierra, las ruedas. ¿Acaso desconocéis que el caucho sale de las entrañas del brasileño árbol de la Shiringa o Seringueira? ¿Y qué me decís si por algún casual os faltasen los centenarios olivos, las alimenticias higueras, los maravillosos naranjos…?

Nosotros absorbemos el CO2 como ninguna maquina moderna podría hacerlo. Por tanto, necesitáis más árboles y cabezas pensantes de líderes con conciencia… que de esto último estáis escasos. Nosotros seguiremos aquí… tenemos recursos para limpiar vuestras basuras y sobrevivir. No nos vamos a adaptar a vuestros abusos por codicia. No podéis arrasar la Tierra contaminándola de esa manera, si hasta los residuos plásticos se encuentran en el cuerpo humano. Un hecho demasiado grave como para querer ignorarlo. El planeta os está poniendo a prueba, está esperando que cambiéis de postura ¡Ojalá lo consigáis! ¡Así la humanidad podrá volver a soñar otra vez!

Qué futuro les espera a vuestros niños y niñas. La joven GretaThunberg ha visto en su corta edad lo mejor y lo peor del ser humano, lo mismo que millones de jóvenes de todo el mundo. Ella ha tenido el coraje –para vergüenza de los gobernantes que no hicieron nada en el pasado ni lo están haciendo hoy– de romper las reglas que le han sugerido. Que nadie os detenga, lucháis por vuestro futuro, ese que os pertenece más que nunca. ¿Qué más os puedo decir a vosotros cuatro? Marchad tranquilos a contar a los cuatro vientos este cuento de la gran verdad.

Fin.

Feliz Navidad con mis mejores deseos de Paz y vida.

martes, 27 de agosto de 2019

Cumpleaños en Paris, 2019







De vuelta en casa, voy a compartir con vosotros el día de mi cumpleaños, el 18 de Julio, que este año por azares de la vida me tocó vivirlo en París. Tras soplar las velas imaginarias y con los ojos brillantes por la emoción, me dispongo a daros las gracias por vuestra felicitación. Estas fueron las palabras que escribí por WhatsApp y ahora lo hago por lo que hoy conocemos por redes sociales.

No le doy importancia si te felicitan o no, eso es secundario. Lo grato es compartir esos momentos con la familia y los amigos que están cerca y lejos, es otra forma de repartir felicidad y recibirla. El regalo que me tenía reservado el destino era poder sentir ese día el viento en mis oídos desde lo alto de la Basílica du Sacre Coeur, un lugar especial donde se concentra la energía telúrica. Posteriormente fuimos a visitar a unos amigos muy próximos, Marie Rose y su esposo Elías, y a continuación nos invitaron a visitar la Iglesia Libanesa escenario de paz con unas vidrieras curiosas que les recuerda su país de origen. 

Una pareja al día siguiente, Michelle y Rene, me trajeron una tarta con unas velas tan grande como sus corazones. Fue una tarde linda para recordar y valorar…

Esa noche mi mente se remontó al año 1983. Entonces mi hermana, Conchy, y yo celebramos su cuarenta cumpleaños en un pequeño restaurante, Ou cadet de Gascogne, del popular, pintoresco y cuna de artistas inolvidables barrio de Montmartre. Por sus callejas y su plaza puede observarse su gran pasado y, sin duda, sienta bien volver al lugar donde uno ha disfrutado, como en aquella ocasión. Hay algo extraño en el lugar, con tantos genios deseando mostrar su arte y perfección a lo que se suma la herencia de tiempos anteriores. Es todo un lujo pasear y contemplar sus gentes, su entorno, su cultura... Cuantas veces con mi marido caminamos por esta bella capital con un cielo gris y su característica lluvia, pero siempre con luz. Rica en Historia, en museos, con grandes bulevares, cuna de los perfumes, icono de la moda, visitada por millones de personas y parejas románticas de todo el mundo…qué decir que no se haya dicho ya de París.

Los viajes nos hacen rejuvenecer física y mentalmente, transforman la forma de pensar y permiten ampliar nuestros horizontes. No obstante, los recuerdos afloran una vez más. Recordar es sosiego cuando se ha vivido en plenitud con una gran persona como fue Francis, mi marido. No poder traer a la memoria, refrescarla y sentir, sí que es aterrador. He tenido la fortuna de visitar la capital francesa más de una treintena de veces y nunca se la conoce del todo, ese es su atractivo. 

Recuerdo una noche del mes de Abril del año 2000 cuando nos encontrábamos paseando por debajo de la Tour Eiffel con una temperatura muy baja, característica de la fecha, pero encantados de la vida, teniendo al viejo monumento como testigo mudo de nuestra felicidad. Esa noche nos reímos tanto y lo pasamos tan bien que al final ni éramos conscientes del frío a nuestro alrededor. Por otros motivos habíamos decidido brindar bajo sus pies. Al principio Francis no podía abrir el champagne por los guantes, pero cuando lo consiguió llenamos las copas de cristal, alzamos la vista a esa maravilla de la ingeniería y brindamos una amiga, mi hermana, Francis y yo. Esos momentos siguen vivos en mi corazón y nunca los podré olvidar.

Grande y majestuosa en todas sus formas, la Tour Eiffel no nos mostró esa madrugada sus secretos pero si su seducción. En esos momentos se creó un sentimiento especial, único entre ella y nosotros. Mirandola de nuevo le prometimos volver una y mil veces. Como decían en la conocida Casablanca, “Siempre nos quedara París”.

A mis 74 años me siento bien con lo que me rodea, no necesito ni más ni menos para afrontar los retos que se me puedan presentar en esta etapa de mi vida, al tiempo que seguir escribiendo para el blog de las tardes de té. Quiero continuar siendo un espíritu inquieto, despejado y reflexivo. El tiempo lo dirá. 

Esto no es más que una pincelada de un día que fue distinto a los demás.

Mil gracias corazones.