martes, 27 de agosto de 2019

Cumpleaños en Paris, 2019







De vuelta en casa, voy a compartir con vosotros el día de mi cumpleaños, el 18 de Julio, que este año por azares de la vida me tocó vivirlo en París. Tras soplar las velas imaginarias y con los ojos brillantes por la emoción, me dispongo a daros las gracias por vuestra felicitación. Estas fueron las palabras que escribí por WhatsApp y ahora lo hago por lo que hoy conocemos por redes sociales.

No le doy importancia si te felicitan o no, eso es secundario. Lo grato es compartir esos momentos con la familia y los amigos que están cerca y lejos, es otra forma de repartir felicidad y recibirla. El regalo que me tenía reservado el destino era poder sentir ese día el viento en mis oídos desde lo alto de la Basílica du Sacre Coeur, un lugar especial donde se concentra la energía telúrica. Posteriormente fuimos a visitar a unos amigos muy próximos, Marie Rose y su esposo Elías, y a continuación nos invitaron a visitar la Iglesia Libanesa escenario de paz con unas vidrieras curiosas que les recuerda su país de origen. 

Una pareja al día siguiente, Michelle y Rene, me trajeron una tarta con unas velas tan grande como sus corazones. Fue una tarde linda para recordar y valorar…

Esa noche mi mente se remontó al año 1983. Entonces mi hermana, Conchy, y yo celebramos su cuarenta cumpleaños en un pequeño restaurante, Ou cadet de Gascogne, del popular, pintoresco y cuna de artistas inolvidables barrio de Montmartre. Por sus callejas y su plaza puede observarse su gran pasado y, sin duda, sienta bien volver al lugar donde uno ha disfrutado, como en aquella ocasión. Hay algo extraño en el lugar, con tantos genios deseando mostrar su arte y perfección a lo que se suma la herencia de tiempos anteriores. Es todo un lujo pasear y contemplar sus gentes, su entorno, su cultura... Cuantas veces con mi marido caminamos por esta bella capital con un cielo gris y su característica lluvia, pero siempre con luz. Rica en Historia, en museos, con grandes bulevares, cuna de los perfumes, icono de la moda, visitada por millones de personas y parejas románticas de todo el mundo…qué decir que no se haya dicho ya de París.

Los viajes nos hacen rejuvenecer física y mentalmente, transforman la forma de pensar y permiten ampliar nuestros horizontes. No obstante, los recuerdos afloran una vez más. Recordar es sosiego cuando se ha vivido en plenitud con una gran persona como fue Francis, mi marido. No poder traer a la memoria, refrescarla y sentir, sí que es aterrador. He tenido la fortuna de visitar la capital francesa más de una treintena de veces y nunca se la conoce del todo, ese es su atractivo. 

Recuerdo una noche del mes de Abril del año 2000 cuando nos encontrábamos paseando por debajo de la Tour Eiffel con una temperatura muy baja, característica de la fecha, pero encantados de la vida, teniendo al viejo monumento como testigo mudo de nuestra felicidad. Esa noche nos reímos tanto y lo pasamos tan bien que al final ni éramos conscientes del frío a nuestro alrededor. Por otros motivos habíamos decidido brindar bajo sus pies. Al principio Francis no podía abrir el champagne por los guantes, pero cuando lo consiguió llenamos las copas de cristal, alzamos la vista a esa maravilla de la ingeniería y brindamos una amiga, mi hermana, Francis y yo. Esos momentos siguen vivos en mi corazón y nunca los podré olvidar.

Grande y majestuosa en todas sus formas, la Tour Eiffel no nos mostró esa madrugada sus secretos pero si su seducción. En esos momentos se creó un sentimiento especial, único entre ella y nosotros. Mirandola de nuevo le prometimos volver una y mil veces. Como decían en la conocida Casablanca, “Siempre nos quedara París”.

A mis 74 años me siento bien con lo que me rodea, no necesito ni más ni menos para afrontar los retos que se me puedan presentar en esta etapa de mi vida, al tiempo que seguir escribiendo para el blog de las tardes de té. Quiero continuar siendo un espíritu inquieto, despejado y reflexivo. El tiempo lo dirá. 

Esto no es más que una pincelada de un día que fue distinto a los demás.

Mil gracias corazones.

miércoles, 19 de junio de 2019

Orquídeas secas




Como cada año disfrutamos de la belleza de las orquídeas, de su energía, armonía, juventud y alma. La otra parte de la realidad es ver la posibilidad de sacar partido a lo que ya fue, es decir, a pesar de estar secas, tienen mucha alegría y vida aun. Lo mismo nos pasa a los humanos. Es otra etapa de la vida, una faceta donde si uno es consciente de su realidad lo puede aprovechar para uno mismo y los demás.
Las flores podrían estar en la basura y, sin embargo, se encuentran decorando un cesto con una bonita planta. Lo mismo podemos hacer las personas que hemos superado los setenta u ochenta, aprovechar el tiempo que es lo más valioso que nos da la existencia. Todos nos aferramos a él, a los momentos que vivimos, ya que si nos falta no somos nada, no hay latidos en nuestro corazón, ni oportunidad de soñar, viajar, disfrutar... Por tanto, sería mucho más aconsejable gozar de la familia, los amigos y de todo lo que nos rodea.
La actitud positiva es la que nos mantiene vivos, la queja no nos conduce a nada, y sin duda la vida nos sorprenderá a cada instante. Si nos valoramos a nosotros mismos, nos sentiremos útiles. Adornaremos nuestra existencia como con las orquídeas secas pero vivas, en el cesto que todos traemos al nacer y que hay que rellenar, antes de partir, dando nuestra energía en el esplendor de la vejez. No olvidemos que la energía no se destruye solo se transforma, como las flores.
La vejez nos ofrece muchas oportunidades después de la experiencia de recorrer el maratón de los años. Hoy el té me hace reflexionar alrededor del camino que nos muestran las fotos, nosotros estamos en paralelo. Así lo veo. Hoy lo que cuenta son las palabras dichas y hechas con amor. Es lo único que queda para el recuerdo. Todas estas plantas preciosas son regalo de los amigos que me quieren y quiero. Gracias. Me habéis dado una oportunidad para hacer este escrito. Ya lo decía Buda, uno aprende hasta mirando una rosa. Este té va por todos vosotros.
Termino con un pensamiento que oí una vez: A veces es necesario ver la oscuridad, para valorar la luz.


lunes, 22 de abril de 2019

Día de la Tierra





Hoy es el día de la Tierra. Su promotor, el senador estadounidense Gaylord A. Nelson, impulsó esta fecha para crear una conciencia común a los problemas de la sobrepoblación, la contaminación de la biodiversidad y proteger el Planeta. Desde 1970, el 22 de Abril se celebra cada año en muchas partes del mundo aunque debería de ser global. 

A pesar de todo me pregunto: ¿Qué conciencia tenemos hacia ella? Ciertamente nuestro comportamiento, en numerosas ocasiones, deja mucho que desear. La Tierra nos nutre, limpia el aire que contaminamos, nos aporta una variedad inmensa de flora y fauna y… ¿qué hacemos? Tomar el mar como un gran vertedero y, de paso, contaminar los ríos. 

Me pregunto ¿hacia dónde vamos?, ¿Algún gobernante con proyección de futuro me lo puede explicar o al menos aclarar? Qué poca cabeza tenemos para cuidar del planeta que, a fin de cuentas, es nuestro hogar y cuenta con una biodiversidad espectacular. La mayor parte de los gobernantes callan, no parece interesarles mucho el tema.

Cada especie tiene derecho intrínseco de vivir en un mundo limpio, verde y saludable. Lo tengo puesto al inicio de www.lastardesdete.com. desde hace 20 años.

El ser humano se muestra aparentemente confundido. Lo mismo que esos pájaros que se estrellan contra los rascacielos al tropezar con sus paredes acristaladas, desconcertados por el reflejo de los pocos árboles que sobreviven en sus inmediaciones.

Las huellas de la historia hoy como ayer, tienen la misma trayectoria, la avaricia del dinero y el egoísmo. Los animales se comportan por instinto, los humanos por el oro. La indiferencia nos hace cómplices y responsables de las consecuencias.

Tenemos que pensar que el mundo no puede seguir en esta desaforada ruta y pretender que sea un modelo sostenible. Hay que disfrutar de los avances tecnológicos sin dañar la Madre Tierra. De lo contrario, ¿qué sentido tiene todo esto, si al final somos despojados de nuestro cuerpo y solo quedaría el espíritu?, ¿qué destino les espera a las futuras generaciones?, ¿qué celebrarán?

La reflexión del poeta Manuel Alcántara dice: “Lo curioso no es cómo se hace o se escribe la historia, sino cómo se borra”.